Este es uno de los platos que me encanta hacer en verano. Se lo vi hacer a Dani García durante el confinamiento por COVID-19 y me apasionó el contraste de sabores y texturas que le aporta la sardina ahumada así como la zanahoria y la uva.
Es indispensable encontrar una almendra buena, en este caso, la almendra marcona es ideal para este plato porque no nos quedará amargo ya que con otros tipos de almendra corremos el riesgo de que nos amargue el plato y eso daría un resultado final poco agradable.
Hay platos que conquistan por su sencillez y, sin embargo, esconden una profundidad inmensa. El ajoblanco es uno de ellos. Una sopa fría nacida en el corazón de Andalucía, humilde en su origen pero cargada de elegancia, frescura y memoria. Es el antepasado directo del gazpacho, una receta que ya elaboraban los jornaleros en los campos de Málaga y Granada mucho antes de que el tomate llegara a nuestras cocinas.
Su base es pura poesía gastronómica: almendra cruda, ajo, pan, agua, aceite y vinagre. Tan solo seis ingredientes que, bien emulsionados, crean una crema blanca y sedosa, de sabor delicado pero con carácter. El ajoblanco es un canto al aprovechamiento, a la cocina que se hacía con lo que había a mano y que, sin pretenderlo, acabó trascendiendo generaciones.
En mi versión, lo sirvo con una sardina ahumada encima. El contraste es mágico: la untuosidad del ajoblanco se mezcla con el punto salino y ahumado del pescado, creando un equilibrio perfecto entre tierra y mar. Además, el ahumado realza las notas tostadas de la almendra y le aporta una profundidad casi emocional al plato.
Recuerdo la primera vez que lo preparé así: una tarde de verano, con el calor apretando y el deseo de probar algo fresco pero con alma. La reacción fue inmediata —silencio en la mesa, cucharas que se detienen, miradas de sorpresa—. No hacía falta decir nada: el plato hablaba por sí solo.
Hoy, este ajoblanco con sardina ahumada representa para mí la unión entre la tradición andaluza más pura y la cocina contemporánea que busca reinterpretar sin perder el respeto por el origen. Es una receta que nos recuerda que la sofisticación no siempre está en la complejidad, sino en la verdad de los sabores y la honestidad de los ingredientes.
Porque, al final, el ajoblanco es eso: un susurro fresco de almendra y ajo que se eleva al cielo cuando se encuentra con la intensidad del mar.
Os invito a que probéis de hacerla ya que es super fácil de hacer y es muy resultona.
Ingredientes para 6 personas:
- 300-360 gr de almendra cruda marcona
- 1 diente de ajo
- 700 gr de agua más o menos
- Sal
- 80 gr aceite oliva bueno
- 40-50 gr vinagre de jerez
- Uva
- Zanahoria
- Huevas de arenque
Elaboración:
1. Primero triturar con Thermomix la almendra con el ajo a fin de hacer como una harina o casi harina. Luego añadir la mitad del agua y dejar triturar a tope unos 3-4 minutos
2. Añadir el resto del agua, y poner el aceite, vinagre y sal
3. Tiene que quedar con textura cremosa no muy líquida. Poner menos agua y se va equilibrando al gusto
4. Luego decorar con sardina ahumada, zanahoria cortada a cubitos muy pequeños, huevas de arenque y uva.
5. Acabar con gotas de aceite de oliva.
Es ideal para almuerzos o cenas de verano al ser un plato muy digestivo y que pega bien con casi todo.
¡Bon profit!